
Es una de las plazas de toros más bonitas de España, pero más allá de su singular encanto, el coso de Almería posee una historia diferente, que la distingue del resto de edificios de su especie. ¿Te animas a conocerla?
El coso de la Avenida de Vilches es uno de los más bellos y peculiares de Andalucía. Se distingue de sus iguales fundamentalmente por ser de propiedad privada. Y es que a diferencia de la mayoría de las plazas de toros, que forman parte del patrimonio del ayuntamiento de la localidad o de la diputación o comunidad de la misma, en Almería, su recinto taurino pertenece a la familia Cuesta.
Y esto es así, porque en la sociedad constructora participó González Canet, bisabuelo de los actuales propietarios. Después la plaza pasó a manos de su abuelo, González Egea, y de él a González Montoya, madre de los dueños que hoy día la custodian: José Antonio, Francisco y Manuel Cuesta González, siendo éste último quien ejerce de representante.
Inaugurado en 1888, fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 20 de enero de 2021 por tratarse de un edificio de singular belleza, con más de 130 años de historia. Consta de dos pisos y es capaz de acoger en su interior a más de nueve mil almas. La capilla, la enfermería, los dos corrales, la corraleta para el reconocimiento de las redes, los ocho chiqueros, además de caballeriza, conserjería, administración conforman el resto de dependencias.
Su construcción forma parte de la prolongación urbanística que tuvo lugar a mediados del siglo XIX, cuando la ciudad creció como consecuencia del derribo de sus murallas, coincidiendo con un periodo próspero que tuvo como origen el comercio y la minería. Esta expansión trajo consigo una bonanza y bienestar que quedó plasmada en la creación de edificios para el ocio, y entre ellos, se situó uno dedicado a La Tauromaquia.
Pero no sólo ha acogido festejos taurinos; recitales musicales, cine de verano, veladas de boxeo, partidos de baloncesto… han sido eventos habituales, además de la Feria de la Virgen del Mar, uno de los seriales señeros del mes de agosto en España. Por esta plaza, que abrió sus puertas el 26 de agosto de 1888, con un cartel integrado por Rafael Molina Lagartijo y Luis Mazzantini, dos de las grandes figuras de la época, que lidiaron toros de Veragua, han pasado todas las figuras del toreo de todas y cada una de las épocas.
El inmueble destaca por sus elementos arquitectónicos clásicos, aunque posee referencias de estilo neomudéjar tales como los arcos de herradura o las ventanas germinadas, para rematar con la cabeza de un toro, situado en la Puerta Principal, donde, en su exterior, se sitúa una escultura homenaje al más famoso de los matadores de toros que ha dado esta ciudad: Julio Gómez “Relampaguito”. Nacido en 1884, tomó la alternativa en este ruedo en 1907 de manos de Bombita, mismo padrino de su confirmación en Madrid una temporada después.
Gestionada durante 65 años por la Casa Chopera, que organizó los festejos taurinos desde 1965, después del paréntesis al que obligó la pandemia, los empresarios vascos fueron relevados en el cargo por José María Garzón, gestor sevillano que estuvo al frente de esta plaza en las temporadas comprendidas entre 2022 y 2025.
Será la sociedad Funtausa, con Toño y Jorge Matilla a la cabeza, quienes se encarguen a partir de 2026 de gestionar este monumento, que la familia Cuesta cuida y acicala con mimo sin permitir que se especule con ella, a pesar de, a lo largo de todos estos años, las ofertas no han faltado, porque son conscientes de que, más allá del vínculo sentimental, forma parte del patrimonio de esta maravillosa ciudad.
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